La gloria que en el último instante se escabulle entre los dedos; la camisola roja de España, bañada en lágrimas de impotencia. Pasar de cuartos es ya una obsesión
por Luis Francisco Castillo Rodríguez

20 de mayor de 1998. El Real Madrid gana su séptima Copa de Europa en el Ámsterdam Arena, 32 años después de la última conquista continental del club blanco. La afición madridista se echa a las calles no sólo de Madrid, sino de toda España, al célebre grito de “¡en colores, en colores, oé, oé, oé!”. Fue un momento para el recuerdo, pero, ¿podrán los aficionados de la selección española de fútbol salir algún día a la calle para cantar lo mismo a los cuatro vientos? Y es que la única vez que la ‘Roja’ ganó algún título fue en 1964, tras ganar a la URSS en una final de la que hace tanto tiempo que se jugó en blanco y negro. En aquella ocasión jugamos de azul; ahora, de rojo. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas abrevió su nombre –ahora se la conoce sólo como Rusia-, y la Copa de Europa de Selecciones Nacionales es conocida por todos como Eurocopa. Por tanto, algunas cosas han cambiado con los años, pero la mala suerte de la ‘Roja’ sigue pareciendo congénita. Tal vez tendríamos que jugar de azul para volver a la senda del triunfo. Quién sabe.
Una obsesión nacional
Tras el espectacular partido inaugural de la ‘Roja’ ante Rusia, cabe preguntarse lo de siempre: ¿pasaremos de cuartos? Difícil respuesta. Este asunto se ha convertido en un problema de índole nacional, ya que los españoles estamos hartos de secarnos las lágrimas de la camiseta roja en los nocivos cuartos de final de todos los torneos. ¿Será esta vez la ocasión? Parece que no hay mucha confianza en el envite, ya que las previsiones de los aficionados no son muy optimistas a pie de calle, más aún en un país en el que todo el mundo discute las decisiones del seleccionador.
El novelista peruano Alfredo Bryce Echenique contaba en una entrevista que su infancia en Lima había sido muy difícil, ya que consistía en escuchar los partidos de su selección en la Copa América a través de un transistor, donde un locutor enardecido, al estilo suramericano, chillaba: “¡Ataca Perú! ¡Ataca Perú! ¡Ataca Perúúúúúú… y gol de Chile!”. Pobre Bryce Echenique. Pero no sabe el autor de El huerto de mi amada cuánto nos identificamos los españoles con este sentimiento casi catastrofista. Porque los aficionados de la ‘Roja’ ya están hartos de tanto “¡ataca Españaaaaa… y gol de Francia!”
Tanto es así, que los malditos cuartos nos salen hasta en la sopa. Los recuerdos son un lastre, y en ellos el mal siempre triunfa: el mítico fallo de Cardeñosa frente a Brasil, en Argentina 1978; el gol fantasma de Michel también frente a la canarinha, en México 86; el codazo de Tassotti a Luis Enrique en Estados Unidos 94; el penalti errado de Raúl ante Francia en la Euro 2000; el robo de Gandhour ante Corea en el Mundial del 2002, y así un largo etcétera. El problema es que nuestro conjunto siempre es el favorito, la selección supuestamente más fuerte, y luego caemos frente a otra más modesta. Así sucedió en nuestro mismísimo Mundial, en 1982, frente a Honduras. En dicho encuentro el comentarista empezó diciendo que era necesario ganar por más de tres goles y terminó casi gritando eso de “¡Honduras es mucha Honduras!”. Toda una lección.
Y así siempre, campeonato tras campeonato. Qué decir de la final de la Eurocopa de 1984, cuando el gol de Arconada. En aquella final –esta vez en colores- nos enfrentábamos a la anfitriona: la Francia de Michel Platini. Hasta el fatídico minuto 57 todo el mundo se las prometía muy felices, pero fue entonces cuando Platini lanzó un tiro libre sin peligro alguno, y aquel balón inocente se coló por donde nadie lo esperaba. Habíamos empezado diciendo “no pasa nada, tenemos a Arconada”, y terminamos con lágrimas en los ojos precisamente por su culpa. Hay quien sostiene que son los nervios; otros, que tenemos carácter perdedor, y también hay quien afirma que en ocasiones pecamos de prepotentes. Lo cierto es que aquella frase acuñada por Di Stéfano de “jugaron como nunca y perdieron como siempre” nos viene como anillo al dedo, ya que cuando la ‘Roja’ no merece ganar no lo hace y, cuando sí, tampoco.
‘¿Españolitis aguda?’
Total. Que siempre terminamos apelando al infortunio y a la mala suerte. Pero no es normal que un país con tanta afición al fútbol llegue a todas las competiciones con la seguridad de ganarlas o, al menos, de hacer algo importante en ellas, y luego caer siempre en cuartos de final. Estamos demasiado acostumbrados a perder. No obstante, en otros deportes como el baloncesto, la fórmula uno, el ciclismo y el tenis, los españoles ganan a todo trapo: Gasol, Alonso, Contador o Nadal carecen de ‘españolitis aguda’ que les impida vencer en grandes torneos, lo que tira para atrás la teoría de la falta de mentalidad y el carácter perdedor de los deportistas españoles. Sucede lo mismo con los futbolistas de las categorías inferiores de la selección, que han conseguido todos los torneos que dejan de lograr en cuanto pasan de los veintiún años. ¿Porqué?
El caso es que pasar de cuartos de final se ha convertido casi en una obsesión nacional, en una cuestión de Estado. De hecho, hasta el mismísimo Presidente del Gobierno afirmaba en la SER que “necesitamos” pasar de cuartos. “El problema de la selección no es de calidad, sino de confianza, y la confianza –continuaba Zapatero con rictus serio- tiene una importancia fundamental en todos los órdenes de la vida, y en una actividad tan competitiva como es fútbol de primer nivel, mucho más”. Hasta Zapatero reconoce que pasar de cuartos es más una necesidad que un reto.
La prensa vende la moto
Ahora que ganamos sobrados, la prensa deportiva calienta motores, como siempre: que si la marea roja, que si la furia española, etc. “Esta vez va en serio”, titula el diario Marca; “A por ellos”, titula el diario AS. En fin, alentando la esperanza y ahuyentando el mal fario tradicional. Eso sí, parece que en esta ocasión la afición está escaldada y no se lo cree mucho. Hay quien opina que esta selección, a la vista de la fase clasificatoria, no manda en los encuentros, no tiene estilo… Se empequeñece con los modestos y tiene mala suerte con los grandes, como siempre. Además, no tiene líderes ni dentro ni fuera del campo. Vamos, que somos pesimistas.
Antaño, una de las excusas más requeridas en la derrota era la de que en nuestra Liga militaban demasiados extranjeros que relegaban a los talentos patrios, lo que les impedía triunfar en los torneos internacionales. Pero eso ahora ha cambiado, ya que muchos de nuestros futbolistas triunfan en la Premier a golpe de grandes pases y mejores goles. Así, podríamos empezar a soñar con Torres, Cesc o Xabi Alonso, quienes retornan vencedores a su tierra como lo hacían Ronaldo a Brasil o Zidane a Francia, con el sano objetivo de hacer campeón también a su país.
El problema es que este fenómeno no se da tampoco en nuestra selección. Como afirma el redactor jefe de Deportes del diario El Mundo, Orfeo Suárez, “ni Cesc en el Arsenal, ni Torres en el Liverpool juegan como lo hacen con el conjunto nacional, un hecho que es importante tener en cuenta para saber cuánto puede exigir España a sus ingleses”. El mismo Alfredo Relaño, director del diario AS, tiene una opinión similar: “Los tres de la Premier funcionan mal. Cuando salieron hacia la Premier pensé que eso sería muy bueno para la Selección, por el salto que para ellos supondría. Pero ahora vuelven y el tiqui-taca se les hace extraño, se les ve como añorantes del ritmo enérgico de allá. Queda un partido y unas pocas sesiones de entrenamiento. Cada vez es más urgente dar con la solución. Porque les necesitamos”.
No somos muy optimistas
Por tanto, y echando mano del pasado y del presente, la gente no parece muy optimista de cara al desafío de este junio que florece. Basta con entrar a un bar, el lugar donde se mide de la fiebre futbolística de este país, para darse cuenta de ello: ahora mismo, ni frío ni calor. Sin duda, la frase que más se repite es la célebre “nos volvemos a casa en cuartos”, pronunciada con una mezcla de sarcasmo e impotencia. La elite periodística del deporte español tampoco es muy optimista que digamos: Alfredo Relaño opina que nos volvemos para casa en cuartos, y el periodista especializado en fútbol internacional Julio Maldonado –más conocido como Maldini-, auténtico gurú de este deporte, tiene la misma opinión. No obstante, podemos encontrar multitud de opiniones.
-Si es que son muy malos…
-Yo creo que no llegamos ni a cuartos.
-De primera ronda no pasamos.
-Nos vamos en cuartos.
-Seguro.
-Aragonés se tendría que ir.
-Pues yo creo que la vamos a liar.
-A lo mejor ahora que nadie lo espera…
En fin, siempre hay alguna voz discordante. De hecho, el filósofo argentino Ángel Cappa, ex jugador y ex entrenador de fútbol, es tan optimista que en sus artículos habla de “la gran oportunidad de la selección”. Cappa, actualmente analista del diario deportivo Marca, señala también la importancia de la “confianza” a la que aludía Zapatero: “España tiene jugadores de muy buena técnica, que conocen el juego y, por lo tanto, saben jugarlo. Este estilo, como cualquier otro, debe apoyarse en una firme convicción para ganar confianza. También habrá que superar el pesimismo histórico que pesa en el entorno de la selección”.
¿Raúl sí o Raúl no? He ahí la cuestión
El otro gran tema, además de la endémica obsesión por los cuartos, es la no convocatoria de Guti y, sobre todo, de Raúl. Durante estos dos últimos años, el ‘caso Raúl’ nos ha salido hasta en la sopa. Mucha gente se pregunta por qué no van Raúl y Guti a la Eurocopa, o por qué van otros que no parecen mejores que ellos. No obstante, tampoco hay mucho convencimiento en los argumentos utilizados. En este sentido, Santiago Segurola, uno de los periodistas deportivos españoles de más renombre, afirma que “es cierto que a Aragonés se le ha criticado la ausencia de Raúl, pero es una polémica de preferencias, no de estilo; jugadores como Guti, ausente también de la Euro, representan el corte de jugador que predomina en la selección. Unos le criticarán y otros le defenderán, pero sería bueno que Luis nos hiciese creer que éste es el mejor de los conjuntos, aunque le rechinen los dientes”.
Asimismo, Alfredo Relaño atestigua que siempre ha entendido que Luis no convocase a Raúl: “Torres y Villa se han ganado el derecho a pasar por delante de él. Entre otras cosas, tienen más velocidad. Luego podría venir Raúl, al menos como tercero, pero llevar a Raúl para que sea suplente es algo que crea incomodidad en todo el mundo: en él, en el seleccionador, en el grupo, en la afición, en la prensa… Por eso lo he entendido siempre”. Por tanto, hay opiniones dispares. En los bares, igual. Eso sí, parece que es muy poca la gente que confía en el criterio de Aragonés a la hora de elegir y decidir a quién llevar o no, aunque en el fondo quizá sea sólo una lacra del madridismo imperante en los bares de Murcia. La verdad es que todos los seleccionadores nacionales salen escaldados del puesto; si miramos a los dos últimos, Clemente ha estado a punto de entrenar a Irán antes de ayudar al Murcia a descender, mientras que Camacho ha fracasado en el Benfica, lo que demuestra que el paso por el banquillo patrio devalúa a los entrenadores. De hecho, muchos opinan que Aragonés tiene mucho de Hortaleza y más bien poco de lo otro.
Eso sí, parece que el ‘Sabio de Hortaleza’ tiene un as en la manga. Aragonés tiene un plan y, además, un plan B. Y es que, hasta para el mismísimo Ángel Cappa “es difícil encontrar en otras selecciones, en el centro del campo, jugadores con tanta capacidad futbolística como Iniesta, Xavi, Xabi Alonso y Cesc Fábregas”. Orfeo Suárez, de El Mundo, apunta que “para que España pueda aprovecharse del Torres que ha asombrado con 33 goles en su primera temporada en Inglaterra, la selección tiene que marcar pronto para replegarse, tocar y matar a sus rivales a la contra. Ese es el plan de Luis. El problema puede llegar con un partido a la inversa. Y es que tanto Torres, como Villa o Güiza, son delanteros hechos para el contraataque”.
Cuenta la leyenda…
Lo cierto es que muchos opinan que la mala suerte de la Selección es algo más que una simple concatenación de sucesos desdichados a lo largo de Mundiales y Eurocopas. Cuenta una vieja leyenda que una bruja escocesa, tras ganar la ‘Roja’ a la selección escocesa allá por los años 20 del siglo pasado, nos echó una maldición según la cual nuestra selección nunca llegaría a ser un equipo grande. Condenación que hasta ahora, quizá por la bruja, se ha cumplido a rajatabla. El portero de la selección, Iker Casillas, reconoce que “la mala suerte está un poco ligada a la selección. Siendo un país muy futbolero como es España no hemos tenido fortuna, unas veces porque el equipo no ha dado la cara y otras porque el árbitro se ha metido por medio.”
Sin embargo, y a pesar de estar más que escarmentados, lo más probable es que los aficionados se sienten a ver los partidos de España y se digan para sí mismos: “¿Y si suena la flauta esta vez?”. Siempre igual; la esperanza es lo último que se pierde. Dinamarca no estaba ni siquiera clasificada para la Euro de 1992, y fue repescada a última hora ante la ausencia precipitada de Yugoslavia. Sin embargo, Dinamarca terminó ganando el campeonato, ganando a la favorita Alemania en la final. ¿Y si nos pasara algún día algo parecido? ¿Quizá esta vez? Eso sí, primero nos deberíamos olvidar de eso de la marea roja y demás patochadas, porque luego la desilusión es más grande. En este sentido, la ‘Roja’ no tiene nada que perder, y sí mucho que ganar.
¿Y si esta vez…?
Tras este brillante comienzo, cabe preguntarse: ¿realmente podemos? En fin, igual cuela y nos llevamos una segunda alegría, porque ya hemos soportado la ración suficiente de “¡ataca Españaaaa… y gol de Francia!” que una persona razonable puede soportar. Además, esta vez podríamos cantar eso de “¡en colores, en colores, oé, oé, oé!”. Y es que pasar de cuartos se ha convertido casi en una cuestión de Estado, en una obsesión nacional. Así que, como dice Pignoise en la canción oficial de la ‘Roja’ para esta Eurocopa: “¡Pasad de cuartos, ya estamos hartos!”.