Un Zaragoza diseñado para la Champions acabó en Segunda. Entretanto, el fútbol pagó una deuda pendiente con el Racing
por Luis Francisco Castillo Rodríguez

Si allá por agosto me hubiese dicho que este Real Zaragoza iba a descender a Segunda División, no me lo hubiera creído. Sin embargo, ayer el cuadro maño finiquitó su andadura en Primera. Ha sido el sorpresón de la temporada, sin duda. Era un equipo diseñado para lograr un puesto Champions, o un puesto UEFA como mínimo. Un Zaragoza edificado por gente sensata y hecho con buen gusto por un entrenador de primera se nos marcha a Segunda. ¿Qué ocurrió? Bueno, eso es relativo. Quizá la situación deportiva se ha visto agravada por el nerviosismo de la directiva, la falta de actitud de algunos jugadores o el cese de sucesivos entrenadores.
La otra cara de la moneda la puso el Racing de Santander, ese club viejo que estuvo a un paso de no llegar a la orilla del trayecto; un último esfuerzo, un último gol metió al Racing, por méritos propios, en puestos UEFA. El Racing es un club con 95 años de historia que nunca había jugado una competición internacional. De hecho, ni siquiera había jugado una final de la Copa del Rey. Dejémoslo en que el fútbol es sabio y paga sus deudas. Un equipo capitaneado por Munitis, ese guerrillero del área, y entrenado por Marcelino, ese gran entrenador con poca carrera y todo éxitos. En definitiva, felicidades al Racing, pero también al Dépor, que tras una primera vuelta desastrosa terminará jugando la Intertoto.
Y Raúl por fin sacó el capote

Entretanto, en el Bernabéu hubo finalmente partido. Partido y fiesta, con Raúl y su capote. Goles y fuegos artificiales para la segunda Liga consecutiva de Calderón. Y con récord de puntos. Sin embargo, ayer hubo movida en la asamblea de compromisarios para aprobar los nuevos estatutos de Calderón. Muchos dicen que es, todavía, la asamblea de Florentino. Quizá lo sea. Tal vez hagan falta más títulos para apagar el fuego de Florentino y sus galácticos; quizá con la Champions sea suficiente. Mientras la Asamblea pedía que Calderón dimitiera, el Bernabéu hacía la ola y festejaba el título de Liga. El mundo se ha vuelto loco.
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