El Atlético de Madrid vuelve a Europa tras más de una década de sinsabores, incluido un descenso a Segunda División
por Alberto Espinosa López

Marzo de 1997. El Ajax visitaba el Vicente Calderón en la vuelta de los cuartos de final de la Copa de Europa. El brillante juego mostrado por los de Radomir Antic aquel día no les valió para pasar a las semifinales, golpeados, como siempre, por su mala suerte, por ser “el pupas”. Porque el objeto más pequeño y más invisible que puede haber en un campo de fútbol se cruzó en el viaje rojiblanco por el viejo continente. Una lentilla, sí. Una lentilla. Esa maldita lentilla.
A Aguilera se le torció la mirada y de repente empezó a ver borroso. Miopía o astigmatismo. Dios sabe cuántas dioptrías fueron necesarias para que Carlos Aguilera tuviese que cruzar to
do el ancho del campo para poder ponerse una lentilla y poder caminar sin tropezarse con sus propias botas. “Aquel que dijo que es más importante tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida”. Y la mala suerte decidió que aquella banda derecha, solitaria por unos minutos, fuera la autopista hacia el cielo particular de Marc Overmars. El gol del que luego sería jugador del Barcelona ponía por delante a los holandeses y echaba de la Champions al conjunto rojiblanco.
Las piedras en el camino no habían acabado esa noche. “El pupas” todavía sería más “pupas”. Esnáider fallaría un penalty después. El que hubiera supuesto el empate. Pero no. Al final, 2-3 y los rojiblancos fuera. Era el comienzo de once años de sufrimiento, de irregulares temporadas, incluso de un dolorosísimo descenso a Segunda División, categoría de la que no conseguirían escapar hasta dos años después.
Volvamos al presente. Temporada 2007/08. Año I después de Fernando Torres. Al “Niño” lo parieron cuando el Atlético bajó a Segunda. Era el estilete, el estandarte, la punta de la lanza del futuro rojiblanco. Se pretendía que fuera un jugadorazo de clase mundial que levantase los cimientos del nuevo Atlético. Pero ha tenido que marcharse a la Pérfida Albión para que el atleti pudiera volar a Europa.
Una temporada irregular, como casi siempre, les ha valido para entrar en Champions. Sorprendentemente el Atlético de Madrid, en el mejor año de la última década, en el que todo debía haber sido una balsa de aceite, ha tenido muchos problemas internos. Desde las declaraciones de Enrique Cerezo sobre el juego del equipo hasta el “Aguirre, vete ya” pasando por el conflicto entre el técnico mexicano y Maniche, que acabó con este último en el Inter. Y aún así, cuartos en la Liga.
Aunque por capricho de los bombos el Atlético de Madrid puede sufrir a un “coco” en la ronda previa, nadie les quita la ilusión. Pero tampoco el miedo. Ese “coco” puede ser el Arsenal, por ejemplo. Tanto esfuerzo para besar la lona en agosto. ¿O no? ¿Está el atleti capacitado para derrotar a un todopoderoso de Europa?
Además, la vuelta a la Champions aporta cierto morbo a los cruces y a los sorteos. ¿Tendrán que viajar a Liverpool?, o lo que es más interesante, ¿volverá Fernando Torres al Calderón como invitado de lujo? Será raro ver al “Niño” vestido con una camiseta diferente a la de rayas rojas y blancas en el Vicente Calderón.
Por una vez en muchos años, la suerte les ha sonreido. La suerte de poder contar con un superclase, un argentino que idolatra a su suegro Maradona pero que se parece más a Romario. “Kun” Agüero, ese portento de fuerza, técnica y clase en apenas 1.70, ha superado las expectativas y ha liderado a los rojiblancos con sólo 19 años. Arrancada, regate, velocidad, gol y picardía son la mejor carta de presentación posible de un líder imberbe.
Pero al igual que la “i” no es nada sin el punto, Agüero no es Agüero si no
cuenta con su pareja ideal. Con su “9″. Con el charrúa Diego Forlán. Un goleador total que no entiende de colores, sólo marca. Marcaba de amarillo y ahora de rojiblanco. Y cada uno de sus tantos vale su peso en oro para los de Aguirre. Incluso el que le dio la victoria frente al Deportivo de la Coruña y por ende la clasificación matemática para Champions lo anotó el uruguayo. Por fin Neptuno tenía algo que celebrar.
Con estas credenciales futbolísticas, el Atlético de Madrid quiere devolver las grandes noches europeas a su parroquia. Noches en las que la música que suena en los alrededores del Calderón no sea la que retumba en los pubs y discotecas, sino la majestuosa de la Champions League. Noches en las que las mangas de las camisetas estén decoradas por el símbolo de la UEFA. Noches en las que no arbitren Velasco Carballo y Teixeira Vitienes, sino Graham Poll y Markus Merk.
“El pupas” vuelve a Europa. Acompañará a Madrid, Villarreal y Barcelona en la eterna lucha por ser el último en dejar el ring. Lo tiene difícil. Pero soñar todavía es gratis.
Gol de Kiko al Ajax

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