El Murcia cae goleado 1-4 contra el Mallorca y se ve obligado a ganarlo todo de aquí al final para mantenerse
por Alberto Espinosa López

La semana había sido un tanto convulsa en torno al Real Murcia. Las broncas del técnico Javier Clemente a su plantilla, sacadas fuera de contexto por la prensa, llenaron páginas de periódicos y minutos de radio, apartando, por ende, el partido a vida o muerte que tenía lugar hoy.
El Mallorca visitaba Nueva Condomina jugándose apenas nada, con un Güiza extra motivado por esa estúpida rivalidad que aún guarda de cuando vestía la camiseta del Ciudad de Murcia, escudándola en su amistad con Quique Pina. La motivación se tradujo en goles y su cuenta ascendió hasta tres, los cuales, unidos al de Arango, suman cuatro y golean a un Murcia que va cayendo lentamente.
Aunque el partido comenzó con una clarísima oportunidad del Murcia por parte de Dani Aquino, que se plantó delante de Moyá pero que no acertó a rematar, fue el Mallorca el que llevó la batuta desde el comienzo. A los 20 minutos de juego la afición ya resoplaba, y es que primero Güiza, de cabeza, y luego Arango, también con la testa, habían puesto previamente el 0-2. Nuevamente era el “torito” el que más peligro llevaba al área bermellona, pero parece que al chaval le cuesta definir. Aun así, tiene maneras y ha sido de lo mejor de un Murcia gris, apático y sin tensión.
Y es que el Murcia es eso. Juega como si tuviera enfrente al Vecindario o a la Ponferradina, con un ritmo lento, clara herencia de su paso por Segunda División. Todos los jugadores que han probado ambas categorías coinciden en que la diferencia entre Primera y Segunda es el ritmo. Lucas Alcaraz no supo meter una marcha más al coche y en tercera es muy difícil pisar la línea de meta entre los diecisiete primeros.
Así y todo el Murcia podía haber recortado distancias antes del desanso, pero perdió su oportunidad y acabó pagándolo. Nada más comenzar el segundo tiempo, una contra del Mallorca la finalizaba Güiza, que sólo tenía que empujarla ante un batido Carini. La gente comenzaba a abandonar el estadio. 21000 personas que van a ver a un equipo descendido contra otro que no tiene mayor repercusión es para mirárselo. La masa social está apoyando, pero cuando te sueltan tres guantazos así, lo mejor es irse a casita no vaya a ser que de otro te partan la cara.
El cuarto se hizo de rogar, pero fue nuevamente Güiza, en su lucha por ir a la Eurocopa, el que, de una vaselina preciosa, subiría el 0-4 al marcador. El “arquero” sacó una flecha de su carcaj y la lanzó a la afición bermellona que le jaleaba. Luego sería Baiano el que maquillaría, si es que es acertado el término hablando de un 1-4, el gol del honor para el Murcia.
La película se va acabando y el desenlace está próximo. Sólo queda ganar los cinco que quedan para soñar con la permanencia. Un fallo, un descenso. No hay otra. Y en seis días viene el Sevilla. El sábado, más.

2 respuestas hasta el momento ↓
Nuria // Abril 23, 2008 a 11:55 am
La rivalidad con de Güiza con el Murcia no es estúpida. Es sana, y se tradujo en goles. Si en vez del Ciudad fuera del Real entonces no diríais que es estúpida. Entonces sería sana. Pos no. Que se os ve mucho el plumero a los del contragolpe.
Pressman // Abril 28, 2008 a 11:18 am
Querida Fanegas:
Rivalidad sana no es la que se traduce en declaraciones como “el Murcia es mi enemigo” o en las que deja entrever un cierto rencor al equipo grana. Esa es una rivalidad estúpida. Lo que no quita que Güiza sea un pedazo de delantero como la copa de un pino, que eso, y ahí están los números, nadie lo discute.
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