Sin Iván Alonso ni Abel, el Murcia visita el campo del Madrid sin hacer ruido, con la esperanza de dar un susto
por Alberto Espinosa López

No cabe otra. Sin margen de error, el Murcia de Clemente se dirige, a 200 km/h y sin frenos, a la Segunda División, su lugar natural de estancia. En definitiva y aunque duela, su casa, nuestra casa. Para evitar dejar la mansión de la Primera, donde los cuadros de las grandes estrellas lucen esbeltos en las paredes y el lujo y el glamour hacen hasta del retrete un sitio agradable, hay que ir a ganar al Bernabeu.
Algunos dirán que un punto es importante. Lo es, no lo niego. Pero me aventuro a decir algo: si por un casual, mañana a alguno de los once valientes vestidos de grana se le encendiese la bombillita y acertara a meter esa pelotita que rueda y rueda entre los tres palos defendidos por Iker Casillas y eso significase ganar y por ende conseguir los tres puntos, el Real Murcia se quedará en Primera. Por tanto, si mañana ganamos al Madrid, nos acabaremos salvando. La inyección moral que supondría tal hazaña convertiría a nuestros fubolistas en superhéroes invencibles, más rápidos, más fuertes y más efectivos. Incluso proyectarían más sombra.
Al Bernabeu se va a ganar. No se va a ver qué sale, a verlas venir. No, hay que salir a morder, a luchar y a morir, sabiendo que está todo perdido, que ya no hay nada que perder, que tocaste fondo hace mucho tiempo y ahora sólo queda una: levantarse. Y qué mejor rival para hacerlo que el todopoderoso Real Madrid, líder destacado de la Liga.
Las bajas por contrato de Mejía y Pablo García (aunque este último está lesionado) no suponen un excesivo problema. Sin embargo, viajamos sin Iván Alonso al frente, ciertamente un poco desconcertados al saber que su tarjeta fue provocada. Es como pegarte un tiro en el pie, ya que el delantero uruguayo, santo y seña del Real Murcia C.F. (que debería quitarse el “C.F.” por “I.A.”, iniciales del charrúa) es, a día de hoy, el mejor jugador del equipo con mucha diferencia. También duele saber que de entre los jugadores descartados de la convocatoria se encuentra, junto a Baiano, el sevillano Abel Gómez. ¿Por qué, Clemente, por qué? ¿Por qué dejas en casa al único que puede surtir de balones peligrosos a Goitom? (Aquino aparte). Duele montarse en el autobús camino del Bernabeu sabiendo que dos de los tres hombres que mejor papel ofensivo pueden aportar se quedan despidiéndote con un pañuelo al viento.
Pero Javi, confiamos en ti. Confiamos en tu criterio. Ponemos a nuestro Murcia en tus manos. Aunque sea sin Iván y sin Abel, sálvalo. Si acaso, habla con tu vecino, ese que mañana se vestirá de negro aunque debajo lleve una camiseta blanca, el señor Iturralde González, y prométele ser jefe de escalera o algo. Porque mañana no son tres puntos. Son seis.

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