El Liverpool doblega a un Arsenal que nunca renunció a su estilo en una noche de magia, fútbol, pasión y goles
por Luis Francisco Castillo Rodríguez

Velada de fútbol de alta cocina en Anfield Road. Este añejo estadio vivió una noche de buen juego, de fútbol, de goles, de pasión, de talento, de fuerza. Dos formas de concebir el fútbol chocaron sobre el tapete de Anfield: dos estilos que, aunque divergentes, glorifican por igual al juego. Finalmente, fue el rocoso y rudo estilo de Benítez el que finiquitó la andadura del Arsenal por Europa, un conjunto el de Wenger que cayó con las botas puestas y con su estilo de toda la vida (4-2).
En efecto, el primer tiempo fue un retrato perfecto de ambos estilos. El Liverpool se encerraba en su campo, a la espera de un contragolpe asesino, mientras que el Arsenal ofrecía toda una lección maestra de cómo administrar el juego en el centro del campo. Así fue como llegó el gol de Diabi, quien fusiló a Reina por el palo corto.
El Liverpool, carente de juego y acorralado, desangrándose por momentos, necisitó del apoyó de su afición para desperezarse. Entonces, los Reds pusieron a funcionar toda la maquinaria que los convierte en un rival terrible en Europa. Fue en las postrimerías del primer tiempo cuando Hyypia sació la voracidad de sus incombustibles seguidores con un cabezazo magistral que se coló en el marco de Almunia tras golpear en el palo.

Los de Benítez siguieron dominando en el segundo tiempo con los peligrosos lanzamientos de media distancia de Gerrard y la velocidad de Torres. Entonces, el larguirucho Crouch peinó un balón largo y Fernando Torres no desaprovechó la ocasión; quebró a Senderos con un giro de gelatina y la reventó en la escuadra de Almunia: 2-1.
Pero aún quedaban 20 minutos de juego y no estaba vendido todo el pescado. Wenger introdujó de una tacada a Van Persie y Walcott en una última jugada maestra. Fue precisamente el joven extremo inglés quien deslumbró al fútbol mundial con una recorrido memorable desde su propia cancha para ceder el gol en bandeja a Adebayor.
El tanto del delantero africano parecía dictar sentencia a falta de diez minutos. Pero no hay nada imposible para el Liverpool en Europa. Acto seguido, Babel mareó a Touré en el área londinense y provocó un penalti que terminó con el partido. Gerrard no falló. Ya en el descuento sería el mismo Babel el que pondría el 4-2 en el marcador en un contragolpe de manual, tras ganarle la partida en velocidad a Fábregas y batir a Almunia con la sangre fría de un cirujano.
Liverpool y Arsenal glorifican el fútbol

1 respuesta hasta el momento ↓
Yazid // Abril 9, 2008 a 1:57 pm
¡Qué partido, qué jugadores, qué calidad, qué entrega, qué sacrificio, qué voluntad, qué ganas de ganar, qué juego, qué goles, qué afición, qué estadio, qué Liverpool, qué Arsenal!
VIVA EL FÚTBOL
VIVA LA COPA DE EUROPA
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