“La globalización está provocando un obsesivo afán de identidad, que va a provocar muchos enfrentamientos”.-José Antonio Marina, filósofo español
por Luis Francisco Castillo Rodríguez

La globalización es un fenómeno que afecta no sólo al ámbito económico, sino también al cultural e, inclusive, al futbolístico. La globalización futbolística no es sino la pretensión de aumentar la cobertura y difusión de los clubes, extendiéndose así para alcanzar una dimensión global, mundial. Se trata de un fenómeno que borra las fronteras nacionales y modifica la identidad del club. Un claro ejemplo es el afán expansionista que demuestran Real Madrid y Barça a través de sus giras mundiales y los fichajes de grandes figuras extranjeras.
Este aumento de influencia por parte de los clubes se da, sobre todo, a nivel de mercado, de campeonatos y en lo tocante a la nacionalidad de los jugadores. Este hecho, huelga decirlo, afecta a la identidad de los clubes, ya sea para bien o para mal.
Antes el fútbol se jugaba sobre todo en las ligas nacionales o locales. La televisión sólo emitía partidos nacionales, o bien los partidos europeos en los que participaba algún representante local. La Copa de Europa se reducía a dos u ocho partidos, según el éxito que se cosechara en la misma. Sin embargo, a día de hoy la Champions League es una espec
ie de liga europea en la que los equipos juegan como mínimo seis partidos. Y, por si fuera poco, ahora ya no hay un sólo representante por país, sino dos, tres, e incluso cuatro.
Por todo lo dicho, las ligas nacionales han perdido fuelle e importancia frente al nuevo ámbito continental. Este fenómeno no se nota excesivamente en las ligas europeas fuertes (Premier, Calcio, Bundesliga, Liga española, etc), pero sí se palpa en otras ligas menores como la suiza o la belga, donde muchos aficionados prefieren ver partidos de ligas extranjeras donde se miden grandes clubes europeos. Efectos de la globalización.
Pero las consecuencias de este fenómeno mundial no acaban ahí. Ahora los ídolos de los más pequeños no son, casi nunca, jugadores nacionales, ni mucho menos. Atrás quedaron Raúl y compañía, quienes dejaron paso a los Messi, Ronaldinho, Cristiano Ronaldo, Kaká y demás parafernalia. Además, en torno a ellos gira todo el marketing del club.
La Copa de la UEFA también nota en sus fueros las vicisitudes de la globalización. Ésta pasa a convertirse en una competición menor, en una especie de segunda división europea. De hecho, los aficionados no muestran excesivo interés por ella hasta los cuartos o las semifinales, cuando realmente se juegan la Copa. Huelga decir asimismo que con la Champions no sucede este fenómeno.
El número de jugadores con pasaporte comunitario e, incluso, sin él, es cada vez mayor en las grandes ligas continentales. Hay quien afirma que un futbolista extranjero no puede defender la camiseta de la misma manera que uno que ha nacido y crecido en la ciudad del club. Por tanto, digamos que la llegada masiva de jugadores de otros países modifica o daña la identidad del club.
Personalmente creo que no es así del todo. De hecho, desde los inicios del fútbol moderno, la migración de jugadores de una ciudad a otra es un fenómeno corriente. No h
ay equipos en Inglaterra, cuna del fútbol, que limiten sus fichajes a una zona particular. Pocos son a día de hoy los clubes que lo hacen.
El Piacenza italiano, que nunca en su historia había fichado a un jugador extranjero, compró hace seis temporadas al brasileó Matuzalem. Renovarse o morir. Athletic de Bilbao o Chivas de Guadalajara son modelos en extinción. Honorables, pero en las últimas. Honorables, por supuesto, siempre y cuando fundamenten esta política en cuestiones históricas o de identidad, y no en la exclusión o en un aldeanismo medieval. La globalización se comerá este modelo tarde o temprano. Y es que los clubes contemporáneos siguen a rajatabla la política económica que propugnaba Orison Swett Marden: “Más vale un céntimo bien empleado, que un céntimo ahorrado”.
Por supuesto, este afán expansionista de los clubes también tiene su lado positivo. Gracias a clubes como el Barça o el Madrid, muchos niños de África y de lugares sin recursos pueden jugar al fútbol. De hecho, muchos de esos chicos salen de la pobreza gracias a esta válvula de escape que es el fútbol.